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miércoles, 24 de mayo de 2017

El valor de lo que compramos

Fuente: “El pequeño libro de la superación personal” de Josef Ajram.


En ocasiones, entre nuestras ilusiones y aspiraciones está la de comprarnos algo (un coche, una casa...). La ilusión es algo incuantificable, pero hemos de considerar que, a veces, no compramos cosas con dinero, sino con horas de nuestra vida.

No solo se trata de considerar la cantidad de dinero que cuesta lo que deseamos, sino de horas de trabajo, de esfuerzo o de privación de otras cosas.

Hemos de valorar bien lo que queremos comprar y entender el esfuerzo a nivel de tiempo que nos cuesta.

El dinero se recupera, el tiempo no.

El día de hoy no se va a volver a repetir jamás…


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viernes, 19 de mayo de 2017

La paja en el ojo ajeno

Un hombre que tenía un grave problema de miopía, se consideraba un experto crítico de arte.

Un día que visitó un museo con algunos amigos, se le olvidaron las gafas en su casa y no podía ver los cuadros con claridad, pero eso no lo detuvo y no dejó de dar sus opiniones.

Tan pronto entraron a la galería, comenzó a comentar las diferentes pinturas. Al detenerse ante lo que pensaba era un retrato de cuerpo entero, empezó a criticarlo. Con aire de superioridad dijo:


–El marco es completamente inadecuado para el cuadro.

–El hombre está vestido con muy mal gusto.

–En realidad, el artista cometió un gran error al elegir como modelo a alguien tan vulgar...

El hombre siguió hablando sin parar hasta que su esposa se acercó, lo apartó discretamente y le dijo en voz baja:

–Querido, ¡estás mirando un espejo!

¡Qué fácil es reconocer las faltas de los demás y cuánto nos cuesta reconocer y admitir esas mismas faltas en nosotros mismos!

Autor desconocido.


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domingo, 14 de mayo de 2017

Digan lo que digan

Fuentes: Canción "Digan lo que digan" (1968) de Manuel Alejandro y "El pequeño libro de la superación personal" de Josef Ajram.


“Digan lo que digan”. Raphael.

Imaginemos por un momento que nos encontramos un periódico con los siguientes titulares: “Siete millones de personas siguen vivas”, “Cincuenta mil vuelos despegan y aterrizan a diario sin ningún contratiempo”. Estas dos grandes noticias jamás serán portada de ningún periódico porque, por un motivo que se me escapa, las buenas noticias no interesan. En cambio, sí serían portada hechos desgraciados como la muerte de equis personas o el fallido vuelo de un avión.

Tan acostumbrados estamos a que los medios de comunicación resalten como noticias hechos y acontecimientos "malos", que nos han hecho creer que lo "normal" es que las cosas vayan bien. Sin embargo, conseguir que las cosas funcionen y vayan bien no es nada fácil y cuesta mucho esfuerzo. Por eso,  es necesario que lo apreciemos y lo valoremos como se merece.

Los medios de comunicación deberían hacerse eco de las buenas noticias en lugar de "envenenarnos" constantemente con una sucesión de acontecimientos que nos hacen creer que la vida es un infierno.

A lo largo del día pasan muchas más cosas bonitas que malas. Tenemos que apreciarlas y destacarlas.

Deberíamos detenernos a diario para hacer una lista de todas las cosas buenas que hemos hecho durante el día. El ser conscientes de las cosas que hacemos bien, nos ayudará a no dudar de nuestra capacidad para poder salir de los "baches" que encontramos en la vida.

"En el mundo hay más dicha que dolor; más azul que nubes negras; más luz que oscuridad; más amor que odio; más besos y caricias que mala voluntad.

Son muchos más los que perdonan que los que condenan.

La gente quiere paz, se enamora y adora lo que es bello.

Los hombres tienen fe en la otra vida y luchan por el bien.

... Digan lo que digan los demás".

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martes, 9 de mayo de 2017

El sentimiento de soledad

Fuente: “Las zonas oscuras de tu mente” de Ramiro A. Calle.


La vida es una senda. Para unas personas es más larga y para otras lo es menos, pero para todos surge del punto llamando nacimiento y concluye en el punto llamado muerte. Con desigual fortuna hollamos esa senda a lo largo de unos años. Somos viajeros por la Vía Láctea.

Muchas personas a la vez pueden caminar por esa senda (hay muchos coincidentes vitales), pero cada uno tiene sus ansiedades, sus miedos y pesares, sus alegrías y sus gozos, sus reacciones. Millones de soledades caminando por la Vía Láctea. La soledad es un hecho. Aunque durmamos con diez personas en una habitación, cada uno duerme en sí mismo y tiene sus sueños. La soledad es inevitable. La soledad significa que nos sentimos solos aunque estemos acompañados de millones de seres. Mientras uno se sienta separado, hay soledad, hay angustia, hay miedo.

Muchas veces el sentimiento exacerbado de soledad se intensifica porque no nos encontramos lo suficientemente bien en nosotros mismos o porque experimentamos tristeza o tedio cuando nos hallamos a solas o porque no sabemos utilizar esa soledad como herramienta para conocernos, sentirnos, enriquecernos o llevar a cabo con motivación cualquier actividad.

Hay que saber asumir la soledad e integrarla en la propia vida, sin resistirse inútilmente a ella, pues entonces se genera el sentimiento de soledad que puede, a su vez, dar paso al sentimiento neurótico de soledad, consistente en no poder permanecer con uno mismo y tener que utilizar toda suerte de escapes para mitigar ese sentimiento de pesadumbre o impotencia.

La soledad nos puede ayudar a sentirnos y vivirnos a nosotros mismos más intima e inmensamente, enseñándonos otro modo de percibir, sentir y experimentar. Hay que ejercitarse para estar bien en soledad y en compañía, y comprender que el problema no es la soledad, sino si la misma engendra un sentimiento de penumbra y malestar.

La soledad también puede ser muy creativa y constructiva y unos minutos diarios de real soledad, sin escapismos de ningún tipo, nos ayudan a desconectar, a recoger la mente en sí misma y a sentir nuestro yo verdadero e incluso desenmascarar aquello que lo esconde y oculta. La soledad es una ocasión muy especial no solo para conocerse y sentirse, sino también para equilibrarse, sosegarse y desarrollar la creatividad de cualquier orden o cualquier tipo de aprendizaje.


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miércoles, 3 de mayo de 2017

Cuentos envidiosos (I)

Fuente: “Emociones tóxicas” de Bernardo Stamateas.


El pavo real y sus admiradores de Godofredo Daireaux.

El pavo real, con la cola desplegada, erguido en un delicioso cuadro de prados verdes, de aguas relucientes y de arbustos, parecía esparcir a su alrededor, bajo los rayos del sol, una lluvia de pedrerías, un rocío de esmeraldas, de zafiros y de oro.

Le rodeaba un espeso círculo de admiradores extasiados, y él gozaba de veras.

Pero se le ocurrió a uno de los que allí estaba decir en voz alta que también era muy bonito el faisán dorado. Por cierto, no le quitaba al pavo real nada de su mérito y, sin embargo, se quedó este muy triste, casi como si le hubieran llamado feo.

Los envidiosos piensan que el mérito ajeno rebaja el de ellos.


Cierta vez, un rey quería saber qué era peor: si ser tacaño o envidioso. Entonces buscó al envidioso más grande y al tacaño más grande del reino y les dijo:

–Quiero regalarles algo. Pídanme lo que quieran, que al otro le voy a dar el doble.

Entonces el avaro preguntó:

–Majestad, ¿todo lo que os pida me lo vais a dar?

–Sí.

–¿Si os pido dos casas me las vais a dar?

–Sí, y al otro le daré el doble.

Entonces el envidioso le dijo al avaro:

–Elija usted primero.

–Faltaba más –le dijo el avaro–. ¿Para qué están los amigos?

Hasta que al final, el envidioso dijo:

–Voy a pedir primero. Quiero que me saquéis un ojo –le dijo al rey (para que al otro le sacaran los dos).

El envidioso prefiere sufrir para que el otro sufra más, en lugar de vivir bien y que el otro viva bien.


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