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viernes, 21 de julio de 2017

Preguntas

Jorge Bucay en su libro “Déjame que te cuente”, es psicoterapeuta de Demián. En el capítulo titulado “Preguntas”, en una de las sesiones, éste le lee algo que había escrito el día anterior. Según Demián, no se trata de preguntas, sino de planteamientos. En realidad, no quiere que Jorge le conteste porque no busca las respuestas. Solo quiere que le escuche.

He seleccionado un fragmento de esta sesión que el mismo Demián califica de silenciosa, densa, pesada…



«¿Qué obligación tiene otra persona de entenderme?

¿Qué obligación tiene de aceptarme?

¿Qué obligación tiene de escucharme?

¿Qué obligación tiene de aprobarme?

¿Qué obligación tiene de no mentirme?

¿Qué obligación tiene de tenerme en cuenta?

¿Qué obligación tiene de quererme como a mí me gustaría?

¿Qué obligación tiene de quererme cuanto a mí me gustaría?

¿Qué obligación tiene cualquier otra persona de quererme?

¿Qué obligación tiene de respetarme?

¿Qué obligación tiene el otro de enterarse de que yo existo?...

Y si nadie se entera de que existo, ¿para qué existo?

Y si mi existencia no tiene sentido sin otro, ¿cómo no sacrificar cualquier cosa, sí, CUALQUIER COSA, para que el sentido permanezca a mi alcance?

... Y si el camino desde el parto hasta el ataúd es solitario, ¿para qué engañarnos haciendo como si pudiéramos encontrar compañía? »


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viernes, 14 de julio de 2017

La carreta vacía

Fuente: “La culpa es de la vaca” de Jaime Lopera y Marta Inés Bernal.


Cierta mañana, mi padre me invitó a dar un paseo por el bosque y yo acepté con placer. Se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:

—Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas algo?

Agucé mis oídos y algunos segundos después le respondí:

—Estoy escuchando el ruido de una carreta.

—Eso es —dijo mi padre—. Es una carreta vacía.

—¿Cómo sabes que está vacía, si aún no la vemos? —le pregunté.

Y él respondió:

—Es muy fácil saber que una carreta está vacía, por el ruido. Cuanto menos cargada está una carreta, mayor es el ruido que hace.

Me convertí en adulto y aún hoy, cuando veo a una persona hablando demasiado, a una persona inoportuna, que interrumpe la conversación de todo el mundo, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo:

—Cuanto menos cargada está una carreta, mayor es el ruido que hace.


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viernes, 7 de julio de 2017

Volar, lo que se dice volar...

El blog “Si yo cambio, todo cambia” cumple hoy siete años. Tras este tiempo, volar, lo que se dice volar, no vuelo, pero os aseguro que mis suelas no tocan el suelo...


“Volar” es una canción de Juan Gómez Canca, conocido artísticamente como El Kanka, compositor y músico malagueño de la nueva generación de cantautores españoles. Pertenece a su álbum “El día de suerte de Juan Gómez” (2014).

“Volar”. El Kanka y Rozalén.

Volar, lo que se dice volar, no vuelo...

Pero desde que cambié el palacio por el callejón, desde que rompí todas las hojas del guión…, si quieres buscarme mira para el cielo.

Pero desde que me dejé el bolso en la estación y le pegué fuego a la tele del salón…, te prometo, hermano, que mis suelas no tocan el suelo.

Solté todo lo que tenía y fui feliz.

Solté las riendas y dejé pasar.

No me ata nada aquí.

No hay nada que guardar…

Así que cojo impulso y a volar.

Lo que se dice volar, no vuelo...

Pero desde que tiré las llaves ya no quiero entrar. Desde que quemé las naves y a aprendí a nadar…, si quieres buscarme mira para el cielo.

Pero desde que olvidé el teléfono en un bar. Desde que no tengo nada parecido a un plan…, te prometo, hermano, que mis suelas no tocan el suelo.

Volar, lo que se dice volar, no vuelo.


A todas las personas que siguen el blog y a las que llegan a él por “causalidad”… GRACIAS.

Ojalá volvamos a encontrarnos aquí el año que viene.



OTROS CUMPLEAÑOS:

- Hoy cumplimos un añito

- Dos años despertando

- Después de tres años sigue valiendo la pena...

- Mi compromiso

- Cambia, mejora el mundo

- El mejor regalo

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domingo, 2 de julio de 2017

El apego

Este cuento está incluido en el libro “Las zonas oscuras de tu mente” de Ramiro A. Calle.


Eran dos renunciantes espirituales. Uno de ellos había sido muy rico y lo dejó todo para convertirse en eremita, pero se hacía ayudar por un criado y utilizaba una escudilla y una taza de oro como utensilios. El otro eremita era muy pobre y siempre lo había sido y solo tenía por posesión una escudilla de hojalata. El eremita pobre siempre estaba criticando al eremita rico y le reprochaba:

—¡Tú no sirves para ermitaño! ¡Vaya ermitaño que tiene un criado y utiliza una escudilla de oro!

Una y otra vez trataba de ridiculizar al eremita rico, que un día, de súbito, le dijo:

—Ahora mismo partimos de peregrinación. ¡Pongámonos en marcha!

La peregrinación no le apetecía nada al eremita pobre, pero para estar a la altura de las circunstancias, accedió. Llevaban caminando quince minutos, cuando el eremita pobre, muy angustiado, exclamó:

—¡He olvidado mi escudilla! ¡Tengo enseguida que volver a recogerla!

Y el eremita rico le dijo:

—No sabía que tuvieras tanto apego a una escudilla. Te has estado metiendo conmigo incansablemente y resulta que tú estás mucho más aferrado a tu escudilla de hojalata que yo a la mía de oro.


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lunes, 26 de junio de 2017

Conectar con tu vocación

Fuente: “Maravillosamente imperfecto, escandalosamente feliz” de Walter Riso.


La mayoría de los diccionarios definen la vocación como la inclinación a un estado, una profesión o una carrera, pero es mucho más que eso porque, conectar con tu vocación, implica descubrir tu naturaleza esencial y, por tanto, tiene que ver con la autorrealización.

Debes buscar tus dones, tus fortalezas, tus talentos. Todos tenemos algún atributo especial, aunque estemos lejos de la “perfección” que nos quieren imponer.

Estás empezando a conectar con tu vocación si lo que haces te sale del alma, lo haces bien y tienes facilidad para llevarlo a cabo; si lo haces con pasión, gusto y satisfacción; si la gente se acerca a ti y le llama la atención lo que haces…

Es verdad que no todo el mundo puede conectar con su vocación. No hay un método concreto para hacerlo. Lo que sí puedo decirte es que de tanto golpear puertas a veces se abre la que es. De pronto, encuentras algo con lo cual fluyes, pierdes la dimensión del tiempo y no sientes el esfuerzo de llevarlo a cabo. Es como si hubieras encontrado la pieza que faltaba en tu rompecabezas existencial.

Cuando conectas con tu vocación, el “yo” se expande y te sientes en tu lugar. Ahí no habrá dudas. La suerte, que no es más que la coincidencia de uno con uno mismo, se llama autorrealización.

Es entonces cuando sientes lo trascendente, lo mágico y… ¿encuentras a Dios?


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miércoles, 21 de junio de 2017

Usar la imaginación (II)

Fuente: “El hombre que calculaba” de Malba Tahan.


Hacía pocas horas que viajábamos sin interrupción, cuando nos ocurrió una aventura digna de ser referida, en la cual mi compañero Beremís puso en práctica, con gran talento, sus habilidades de eximio algebrista.

Encontramos, cerca de una antigua posada medio abandonada, tres hombres que discutían acaloradamente al lado de un lote de camellos.

Furiosos se gritaban improperios y deseaban plagas:

—¡No puede ser!

—¡Esto es un robo!

—¡No acepto!

El inteligente Beremís trató de informarse de qué se trataba.

—Somos hermanos —dijo el más viejo— y recibimos, como herencia, esos 35 camellos. Según la expresa voluntad de nuestro padre, debo yo recibir la mitad, mi hermano Hamed Namir una tercera parte, y Harim, el más joven, una novena parte. No sabemos sin embargo, como dividir de esa manera 35 camellos, y a cada división que uno propone protestan los otros dos, pues la mitad de 35 es 17 y medio. ¿Cómo hallar la tercera parte y la novena parte de 35, si tampoco son exactas las divisiones?

—Es muy simple —respondió el “Hombre que calculaba”—. Me encargaré de hacer con justicia esa división si me permitís que junte a los 35 camellos de la herencia, este hermoso animal que hasta aquí nos trajo en buena hora.

Traté en ese momento de intervenir en la conversación:

—¡No puedo consentir semejante locura! ¿Cómo podríamos dar término a nuestro viaje si nos quedáramos sin nuestro camello?

—No te preocupes del resultado “bagdalí” —replicó en voz baja Beremís—. Sé muy bien lo que estoy haciendo. Dame tu camello y verás, al fin, a que conclusión quiero llegar.

Fue tal la fe y la seguridad con que me habló, que no dudé más y le entregué mi hermoso “jamal”, que inmediatamente juntó con los 35 camellos que allí estaban para ser repartidos entre los tres herederos.

—Voy, amigos míos —dijo dirigiéndose a los tres hermanos— a hacer una división exacta de los camellos, que ahora son 36.

Y volviéndose al más viejo de los hermanos, así le habló:

—Debías recibir, amigo mío, la mitad de 35, o sea 17 y medio. Recibirás en cambio la mitad de 36, o sea, 18. Nada tienes que reclamar, pues es bien claro que sales ganando con esta división.

Dirigiéndose al segundo heredero continuó:

—Tú, Hamed Namir, debías recibir un tercio de 35, o sea, 11 camellos y pico. Vas a recibir un tercio de 36, o sea 12. No podrás protestar, porque también es evidente que ganas en el cambio.

Y dijo, por fin, al más joven:

—A ti, joven Harim Namir, que según voluntad de tu padre debías recibir una novena parte de 35, o sea, 3 camellos y parte de otro, te daré una novena parte de 36, es decir, 4, y tu ganancia será también evidente, por lo cual sólo te resta agradecerme el resultado.

Luego continuó diciendo:

—Por esta ventajosa división que ha favorecido a todos vosotros, tocarán 18 camellos al primero, 12 al segundo y 4 al tercero, lo que da un resultado (18 + 12 + 4) de 34 camellos. De los 36 camellos sobran, por lo tanto, dos. Uno pertenece, como saben, a mi amigo el “bagdalí” y el otro me toca a mí, por derecho, y por haber resuelto a satisfacción de todos, el difícil problema de la herencia.

—¡Sois inteligente, extranjero! —exclamó el más viejo de los tres hermanos—. Aceptamos vuestro reparto en la seguridad de que fue hecho con justicia y equidad. El astuto Beremís –el “Hombre que calculaba”— tomó luego posesión de uno de los más hermosos “jamales” del grupo y me dijo, entregándome por la rienda el animal que me pertenecía:

—Podrás ahora, amigo, continuar tu viaje en tu manso y seguro camello. Tengo ahora yo, uno solamente para mí.

Y continuamos nuestra jornada hacia Bagdad.


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viernes, 16 de junio de 2017

Estaré aquí mismo...

En julio de 2012 escribía en la entrada “Dos años despertando” lo siguiente: “Este segundo año de vida del blog, ha sido para mí un año lleno de oportunidades en el que se han producido y se producirán, si Dios lo quiere, grandes cambios en mi vida: he cambiado de casa y, tras las vacaciones, en septiembre cambiaré de puesto y lugar de trabajo. No creo en la casualidad...


“I have a dream”. Richard Clayderman.

En septiembre de 2012, comencé a trabajar en un nuevo colegio. Cuando eres la última que llega, por mucha experiencia que tengas, lo desconoces todo y tienes muy pocas oportunidades de elegir curso. El caso es que me asignaron la tutoría de un grupo de segundo de primaria. Se supone que estaría un solo curso con estos niños y niñas, hasta finalizar el primer ciclo. Pues bien, aunque es algo excepcional en cualquier centro escolar, he sido su maestra tutora durante cinco cursos escolares.

Como es normal, en estos cinco cursos se produjeron algunas bajas, inmediatamente cubiertas, de niños y niñas que se marcharon a vivir a otra ciudad o a otro colegio más próximo a su domicilio. En el camino también se unieron algunos niños “repetidores”. De esta manera, se fue formando un grupo muy heterogéneo de niños y niñas con enormes ganas de aprender, aunque, eso sí, algunos con pocas ganas de estudiar. Todos, y cada uno a su manera, diferentes, únicos, incomparables y especiales.

Les he dado durante cinco cursos Lengua, Matemáticas, Ciencias Sociales, Ciencias Naturales, Plástica y en quinto, además, Ciudadanía. Son, por tanto, muchas las horas de convivencia y hago gala de conocerlos bien.

Siempre evité ser solo su profesora y aunque la palabra maestra me queda, sin duda, grande, he intentado serlo. Sigo con el pensamiento ilusionante de que lo que hago no es en vano. Ese es el principal motor para conseguir, cada día, colgar la mochila del desaliento junto a las mochilas de mis alumnos/as y ya, liberada de peso, iniciar mi tarea. Enseño todo lo que sé. No guardo nada. Me vacío para poder llenarme… y aprendo. Siempre aprendo.

Aunque sé que “las cosas” más importantes se aprenden en casa, me he esforzado para enseñarles, sobre todo con el ejemplo, a pensar, a tener capacidad crítica y unos principios morales sólidos y me he sentido apreciada y apoyada por unas familias que desde el principio entendieron que la educación de sus hijos e hijas era una tarea compartida y depositaron en mí su confianza y la autoridad necesaria para educarlos. Evidentemente, no puedo gustarle a todo el mundo y asumo con naturalidad tanto el reconocimiento, como la desaprobación o la indiferencia. En cualquier caso, nunca aparento ser lo que no soy para intentar agradar.

En cuanto a las nuevas reformas educativas, he intentando no perder el norte y tener claro lo que debía transmitir, sabiendo que quien se escandaliza ante lo nuevo, demuestra que se está haciendo viejo, pero quien defiende cualquier cosa que sea nueva demuestra su estupidez.

El tiempo pasa inexorablemente y los niños y niñas crecen demasiado deprisa. Es ley. El día 23 de junio finaliza el curso escolar y acabarán la etapa de educación primaria. Yo les he hablado de que tienen que cerrar un círculo. ¡Qué tontería! Con doce años, la vida les empuja con una fuerza arrolladora y están rebosantes de ilusión, emoción y alegría, con algunas pequeñas gotas de temor e incertidumbre, por el cambio a un centro de enseñanza secundaria.

Lo del círculo, en realidad, lo digo por mí, porque sé que me quedan ya pocos por cerrar en mi profesión y siempre siento temor al volver a empezar de nuevo con otros niños y niñas. Pero la vida está para adelante, nunca para atrás, y espero seguir disfrutando de cada día en la escuela, porque es un regalo que la vida me da.

A mis niños y niñas, solo me queda darles las gracias por haberme hecho disfrutar de mi trabajo durante cinco cursos escolares, desearles que vivan una VIDA con mayúsculas y decirles que estaré aquí mismo... Qué Dios los bendiga.



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domingo, 11 de junio de 2017

Cuentos envidiosos (II)

Fuentes: "Gente Tóxica" y “Emociones tóxicas” de Bernardo Stamateas.


Había un hombre vendiendo cangrejos en la playa. Tenía dos cubos llenos de animales vivos: uno estaba cubierto con una malla y el otro, tapado. Una mujer le preguntó: "¿Por qué ha tapado un cubo y el otro no?" Entonces el vendedor respondió. "Porque vendo dos tipos de cangrejos: japoneses y argentinos. El cangrejo japonés siempre trata de salir del cubo; cuando no lo consigue, los demás hacen una cadena, se apoyan unos a otros y así todos logran salir, por eso he tenido que ponerles una tapa. Los cangrejos argentinos* también tratan de escaparse, pero cuando uno intenta saltar, los de más abajo lo agarran y así ninguno escapa."

La envidia es una profunda rabia producida por el logro de otros: reconocimento, casa, familia, pareja, amigos... Es un sentimiento destructivo de alguien que pretende quitar lo que ha logrado la persona objeto de su envidia. La excelencia y el éxito siempre traen envidia. Nadie envidia a un miserable o a un mendigo...

* Nota de Luma Olivares: Los cangrejos podrían ser, perfectamente, españoles.


Una niña vuelve del colegio llorando:

–Mamá, dicen que soy envidiosa, no aguanto más.

–Deja –le dice la madre–. Voy a ir al colegio a hablar con todos esos desgraciados y se van a ir al infierno.

–No, mamá, porque se van a ir ellos y yo no.

Los envidiosos son amargados, viven compitiendo y comparándose con todos.


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martes, 6 de junio de 2017

Dos voces

Fuente: “Nudos mentales” de Bernardo Stamateas.


Existen dos voces, la exterior y la interior. La importante es la interior.

Si, por ejemplo, me dicen “tonto” (voz exterior) y esa voz coincide con mi voz interior, es decir, yo también me digo a mí mismo “tonto”, entonces ese adjetivo me dolerá. Pero aunque la voz “exterior” me diga “tonto” si no coincide con mi voz interior (yo me digo que soy inteligente), entonces no hay dolor.

Cuando las voces no coinciden no hay dolor.

No podemos manejar las voces exteriores, pero sí las interiores.


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sábado, 3 de junio de 2017

Buenos modales

Fuente: "Un minuto para el absurdo" de Anthony de Mello


El Maestro no era, ciertamente, un obseso de la etiqueta y las buenas maneras, aunque siempre daba muestras de una natural educación y elegancia en su trato con los demás.

Una noche, llevando al Maestro a su casa en automóvil, un joven discípulo se mostró especialmente grosero con un agente de tráfico, y en su propio descargo le dijo al Maestro:

—Prefiero ser yo mismo y que la gente sepa exactamente cómo me siento... La cortesía no es más que aire...

—Eso es verdad —dijo conciliador el Maestro—, pero aire es también lo que llevamos en los neumáticos, y fíjate cómo suaviza los baches...


El Maestro paseaba calle abajo cuando, de pronto, salió de un portal un hombre que chocó violentamente con él.

El individuo, totalmente fuera de sí, rompió a soltar palabrotas. El Maestro hizo una breve inclinación, sonrió amablemente y le dijo:

—Amigo, no sé quién de los dos ha tenido la culpa de que chocáramos, pero no estoy dispuesto a perder el tiempo tratando de averiguarlo...Si la culpa ha sido mía, le pido perdón; si ha sido suya, olvídelo.

Y, tras hacer una nueva inclinación y esbozar una nueva sonrisa, siguió caminando.

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lunes, 29 de mayo de 2017

Una hora "extra" al día


Elaine St. James, en su libro “Simplifica tu vida”, nos enseña todo aquello que le fue útil para simplificar su vida.

Entre los consejos para mejorar la salud, está el de levantarse una hora antes.

Habitualmente nos levantamos con el tiempo justo para vestirnos, desayunar un poco y llevar los niños a la escuela.

Si nos levantamos una hora antes tenemos la oportunidad de hacer las tareas habituales con más tranquilidad y realizar cosas que normalmente no podemos hacer: desayunar relajadamente con la familia, escuchar música, meditar, leer, pasear, hacer ejercicio, ver amanecer… ¿Qué harías tú con tu hora extra?

Robar una hora al día, si no se utiliza para trabajar, es una forma muy efectiva de aliviar el estrés y empezar el día con buen pie.


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miércoles, 24 de mayo de 2017

El valor de lo que compramos

Fuente: “El pequeño libro de la superación personal” de Josef Ajram.


En ocasiones, entre nuestras ilusiones y aspiraciones está la de comprarnos algo (un coche, una casa...). La ilusión es algo incuantificable, pero hemos de considerar que, a veces, no compramos cosas con dinero, sino con horas de nuestra vida.

No solo se trata de considerar la cantidad de dinero que cuesta lo que deseamos, sino de horas de trabajo, de esfuerzo o de privación de otras cosas.

Hemos de valorar bien lo que queremos comprar y entender el esfuerzo a nivel de tiempo que nos cuesta.

El dinero se recupera, el tiempo no.

El día de hoy no se va a volver a repetir jamás…


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viernes, 19 de mayo de 2017

La paja en el ojo ajeno

Un hombre que tenía un grave problema de miopía, se consideraba un experto crítico de arte.

Un día que visitó un museo con algunos amigos, se le olvidaron las gafas en su casa y no podía ver los cuadros con claridad, pero eso no lo detuvo y no dejó de dar sus opiniones.

Tan pronto entraron a la galería, comenzó a comentar las diferentes pinturas. Al detenerse ante lo que pensaba era un retrato de cuerpo entero, empezó a criticarlo. Con aire de superioridad dijo:


–El marco es completamente inadecuado para el cuadro.

–El hombre está vestido con muy mal gusto.

–En realidad, el artista cometió un gran error al elegir como modelo a alguien tan vulgar...

El hombre siguió hablando sin parar hasta que su esposa se acercó, lo apartó discretamente y le dijo en voz baja:

–Querido, ¡estás mirando un espejo!

¡Qué fácil es reconocer las faltas de los demás y cuánto nos cuesta reconocer y admitir esas mismas faltas en nosotros mismos!

Autor desconocido.


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domingo, 14 de mayo de 2017

Digan lo que digan

Fuentes: Canción "Digan lo que digan" (1968) de Manuel Alejandro y "El pequeño libro de la superación personal" de Josef Ajram.


“Digan lo que digan”. Raphael.

Imaginemos por un momento que nos encontramos un periódico con los siguientes titulares: “Siete millones de personas siguen vivas”, “Cincuenta mil vuelos despegan y aterrizan a diario sin ningún contratiempo”. Estas dos grandes noticias jamás serán portada de ningún periódico porque, por un motivo que se me escapa, las buenas noticias no interesan. En cambio, sí serían portada hechos desgraciados como la muerte de equis personas o el fallido vuelo de un avión.

Tan acostumbrados estamos a que los medios de comunicación resalten como noticias hechos y acontecimientos "malos", que nos han hecho creer que lo "normal" es que las cosas vayan bien. Sin embargo, conseguir que las cosas funcionen y vayan bien no es nada fácil y cuesta mucho esfuerzo. Por eso,  es necesario que lo apreciemos y lo valoremos como se merece.

Los medios de comunicación deberían hacerse eco de las buenas noticias en lugar de "envenenarnos" constantemente con una sucesión de acontecimientos que nos hacen creer que la vida es un infierno.

A lo largo del día pasan muchas más cosas bonitas que malas. Tenemos que apreciarlas y destacarlas.

Deberíamos detenernos a diario para hacer una lista de todas las cosas buenas que hemos hecho durante el día. El ser conscientes de las cosas que hacemos bien, nos ayudará a no dudar de nuestra capacidad para poder salir de los "baches" que encontramos en la vida.

"En el mundo hay más dicha que dolor; más azul que nubes negras; más luz que oscuridad; más amor que odio; más besos y caricias que mala voluntad.

Son muchos más los que perdonan que los que condenan.

La gente quiere paz, se enamora y adora lo que es bello.

Los hombres tienen fe en la otra vida y luchan por el bien.

... Digan lo que digan los demás".

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martes, 9 de mayo de 2017

El sentimiento de soledad

Fuente: “Las zonas oscuras de tu mente” de Ramiro A. Calle.


La vida es una senda. Para unas personas es más larga y para otras lo es menos, pero para todos surge del punto llamando nacimiento y concluye en el punto llamado muerte. Con desigual fortuna hollamos esa senda a lo largo de unos años. Somos viajeros por la Vía Láctea.

Muchas personas a la vez pueden caminar por esa senda (hay muchos coincidentes vitales), pero cada uno tiene sus ansiedades, sus miedos y pesares, sus alegrías y sus gozos, sus reacciones. Millones de soledades caminando por la Vía Láctea. La soledad es un hecho. Aunque durmamos con diez personas en una habitación, cada uno duerme en sí mismo y tiene sus sueños. La soledad es inevitable. La soledad significa que nos sentimos solos aunque estemos acompañados de millones de seres. Mientras uno se sienta separado, hay soledad, hay angustia, hay miedo.

Muchas veces el sentimiento exacerbado de soledad se intensifica porque no nos encontramos lo suficientemente bien en nosotros mismos o porque experimentamos tristeza o tedio cuando nos hallamos a solas o porque no sabemos utilizar esa soledad como herramienta para conocernos, sentirnos, enriquecernos o llevar a cabo con motivación cualquier actividad.

Hay que saber asumir la soledad e integrarla en la propia vida, sin resistirse inútilmente a ella, pues entonces se genera el sentimiento de soledad que puede, a su vez, dar paso al sentimiento neurótico de soledad, consistente en no poder permanecer con uno mismo y tener que utilizar toda suerte de escapes para mitigar ese sentimiento de pesadumbre o impotencia.

La soledad nos puede ayudar a sentirnos y vivirnos a nosotros mismos más intima e inmensamente, enseñándonos otro modo de percibir, sentir y experimentar. Hay que ejercitarse para estar bien en soledad y en compañía, y comprender que el problema no es la soledad, sino si la misma engendra un sentimiento de penumbra y malestar.

La soledad también puede ser muy creativa y constructiva y unos minutos diarios de real soledad, sin escapismos de ningún tipo, nos ayudan a desconectar, a recoger la mente en sí misma y a sentir nuestro yo verdadero e incluso desenmascarar aquello que lo esconde y oculta. La soledad es una ocasión muy especial no solo para conocerse y sentirse, sino también para equilibrarse, sosegarse y desarrollar la creatividad de cualquier orden o cualquier tipo de aprendizaje.


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miércoles, 3 de mayo de 2017

Cuentos envidiosos (I)

Fuente: “Emociones tóxicas” de Bernardo Stamateas.


El pavo real y sus admiradores de Godofredo Daireaux.

El pavo real, con la cola desplegada, erguido en un delicioso cuadro de prados verdes, de aguas relucientes y de arbustos, parecía esparcir a su alrededor, bajo los rayos del sol, una lluvia de pedrerías, un rocío de esmeraldas, de zafiros y de oro.

Le rodeaba un espeso círculo de admiradores extasiados, y él gozaba de veras.

Pero se le ocurrió a uno de los que allí estaba decir en voz alta que también era muy bonito el faisán dorado. Por cierto, no le quitaba al pavo real nada de su mérito y, sin embargo, se quedó este muy triste, casi como si le hubieran llamado feo.

Los envidiosos piensan que el mérito ajeno rebaja el de ellos.


Cierta vez, un rey quería saber qué era peor: si ser tacaño o envidioso. Entonces buscó al envidioso más grande y al tacaño más grande del reino y les dijo:

–Quiero regalarles algo. Pídanme lo que quieran, que al otro le voy a dar el doble.

Entonces el avaro preguntó:

–Majestad, ¿todo lo que os pida me lo vais a dar?

–Sí.

–¿Si os pido dos casas me las vais a dar?

–Sí, y al otro le daré el doble.

Entonces el envidioso le dijo al avaro:

–Elija usted primero.

–Faltaba más –le dijo el avaro–. ¿Para qué están los amigos?

Hasta que al final, el envidioso dijo:

–Voy a pedir primero. Quiero que me saquéis un ojo –le dijo al rey (para que al otro le sacaran los dos).

El envidioso prefiere sufrir para que el otro sufra más, en lugar de vivir bien y que el otro viva bien.


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viernes, 28 de abril de 2017

La vida no es justa

Fuente: "No te ahogues en un vaso de agua" de Richard Carlson.


La vida ni es justa ni lo será. Uno de los errores que muchos cometemos es que sentimos lástima de nosotros mismos, o por otros, al pensar que la vida debería ser justa, o que algún día llegará a serlo. La lástima es una emoción derrotista que no beneficia a nadie.

Reconocer que la vida no es justa puede resultar muy liberador, pues, cuando lo hacemos, lo que sentimos por nosotros mismos y por los demás es compasión, una emoción profunda que transmite afecto y bondad a todas las personas que la sienten y nos impulsa a hacer las cosas todo lo mejor que podamos con lo que tenemos.

Reconocer que la vida no es justa nos recuerda que a cada uno se le reparten cartas diferentes, y que la naturaleza y las circunstancias de cada cual son distintas. Nos ayuda a enfrentarnos a nuestros propios conflictos personales en los momentos en los que nos sentimos injustamente tratados o a las difíciles decisiones que hemos de tomar acerca de a quién podemos ayudar y a quién no. Casi siempre nos hace regresar a la realidad y nos devuelve el equilibrio

El hecho de que la vida no sea justa no significa que no debamos hacer todo lo que esté en nuestro poder para mejorar nuestras existencias. Muy por el contrario, eso es lo que deberíamos hacer. Cuando dejemos de sentir lástima, tal vez deseemos hacer algo provechoso.

Por sí misma, la vida no tiene por qué ser perfecta; que lo sea o no, depende únicamente de nosotros.


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domingo, 23 de abril de 2017

Cuestión de actitud

Los vendedores de zapatos


El director de una fábrica de zapatos, buscando nuevas oportunidades de hacer negocio, envió a dos de sus empleados del departamento de ventas a sendos países africanos para hacer un estudio de mercado.

El primer vendedor vio que todo el mundo iba descalzo y, al poco tiempo de llegar, mandó un telegrama a su jefe:

“Las perspectivas son malas. Todas las personas andan descalzas. Nadie utiliza zapatos. No hay mercado. Regreso en el próximo vuelo.”

El segundo vendedor se encontró con la misma situación, pero envió el siguiente telegrama a la empresa:

“Perspectivas fabulosas. Aquí nadie usa zapatos. Podemos venderle al país entero. No tenemos competencia. Necesitamos más vendedores”.

La misma realidad y el mismo análisis de la misma, provocan reacciones diferentes. Todo depende de la actitud de la persona que la aprecia.


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martes, 18 de abril de 2017

El elefante encadenado

Fuente: “Recuentos para Demián” de Jorge Bucay


« Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces?

¿Por qué no huye?

Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia:

- Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y solo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta : el elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.

Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, jaló y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo.

La estaca era ciertamente muy fuerte para él.

Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía...

Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree -pobre- que no puede.

Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer.

Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.

Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez.»

Todos somos un poco como ese elefante del circo: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad.  Vivimos creyendo que "no podemos" un montón de cosas porque alguna vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestra memoria el mensaje "No puedo y nunca podré", pero siempre nos queda la posibilidad de volver a intentarlo de nuevo poniendo todo el corazón.


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jueves, 13 de abril de 2017

Con la salvación a cuestas

La primera mitad de las vacaciones de Semana Santa, unos cuatro días, suelo ir a la playa buscando, sobre todo, descansar y recargar energía con esa terapia sanadora que recibo con tan solo ver el mar y respirar su aire.

Por las tardes, a veces, me acerco a la ciudad de Almería. El pasado lunes, fui a ver la salida de la procesión de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Pasión, un Nazareno que, con la cruz a cuestas, cae por tercera vez.

Nuestro Padre Jesús de la Salud y Pasión (Almería)

Cada cual vive este tipo de manifestaciones a su manera y yo, a pesar de sus connotaciones religiosas, no las vivo desde el punto de vista espiritual. Sin embargo, disfruto de esta antigua tradición, que cada año acompaña al “estallido” de la primavera, de un pueblo al que siento que pertenezco porque en él están mis raíces.

Disfruto de la belleza, casi siempre barroca, de algunas de sus imágenes paseando por las calles, mecidas al compás de las marchas procesionales interpretadas por las bandas de música; del "quejío" de las saetas; de los relieves y esculturas de sus tronos dorados, plateados o tallados en nobles maderas; de los minuciosos trabajos de orfebrería de sus enseres; de las filigranas bordadas en sus terciopelos, sedas, rasos...; de los delicados encajes; de la explosión de aromas de sus adornos florales, de la cera ardiendo, del incienso… entremezclados con un aire que huele a lilas y azahar ; de las torrijas y de los dulces, herencia andalusí, hechos a base de almendras y miel… y, sobre todo, disfruto de la gente. Gente que se apasiona, que llora y que reza…

Pero vuelvo al lunes santo, a la puerta de la iglesia de Santa Teresa desde la que salen las imágenes de la Hermandad de Pasión de Almería. No me gustan las aglomeraciones, pero son inevitables. Son las seis y media de la tarde. Una joven, bien parecida, se abre paso a empellones entre la multitud llevando en una silleta de bebé a un niño de unos tres o cuatro años. No tardó en formarse un altercado: al parecer la joven, que estaba bebida, drogada, o ambas cosas, comienza a insultar a las personas que le impiden el paso. En un lamentable estado, coge a su hijo en brazos y algunas personas, temiendo por la seguridad del niño, la increpan para que lo suelte. Ya en el suelo, para nuestra sorpresa, el pequeño, que tiene un aspecto cuidado y saludable, empieza a “defender” a su madre, amenazándonos con su puño cerrado. Su gesto agresivo y desafiante acompaña a la expresión de odio de sus ojos.

Alguien ha avisado a la policía municipal. Acuden dos parejas y es entonces cuando el niño se abraza fuertemente a su madre y le dice, ¡sin una lágrima!, que está asustado…

En ese momento, Jesús, el Nazareno, atraviesa la puerta de la iglesia y sale a la calle. La emoción me embarga y sobrecoge. Ese niño y su madre han conmovido lo más profundo de mi alma desde donde aflora una ¿certeza? que Juan José Benítez expone en muchas de sus obras sobre Jesús de Nazaret:

Jesús no fue crucificado por nuestros pecados, no se encarnó en la Tierra para redimirnos. ¿Redimirnos o liberarnos por nuestros pecados contra Dios? Ofender al Padre desde los mundos del tiempo y del espacio es inviable. ¿De qué podría redimir el Hombre-Dios a un niño pequeño?

Se encarnó, entre otras razones, para borrar la oscuridad mental de un tiempo y de futuros tiempos y refrescarnos la memoria: Todos somos hijos de un mismo Dios, y por tanto, hermanos y hemos recibido el inviolable patrimonio de la inmortalidad, es decir, nacemos con la salvación. Dios es un Padre amoroso que no necesita leyes escritas, ni prohibiciones, ni castigos; que no lleva la cuenta de nuestras obras y al que podemos hablar de tú a tú. Nadie escapa al amor de Dios. Nadie puede ofender a Dios. Somos los humanos los que nos empeñamos en salvar y condenar…

…Y el Nazareno comienza su recorrido por las calles de Almería.


El Hijo del Hombre vivió su propia experiencia en el tiempo y el espacio, una experiencia única, irrepetible e intransferible (como todas). Fue Él quien seleccionó un territorio y una época concretos (como todos) y vivió conforme a esos parámetros terrenales. Como esa joven madre, como ese niño pequeño…

No debemos imitar a Jesús de Nazaret. Nosotros vivimos en otros tiempos y en otros escenarios. Debemos amarlo y aceptar la servidumbre de nuestro propio “contrato” , que no es poco…

Creo no haberlo mencionado. Como en muchas otras ocasiones, fui a Almería acompañando a mi marido que es un apasionado de las procesiones de Semana Santa. Él, dada su afición por los belenes y las procesiones, dice de sí mismo, con gran sentido del humor, ser tonto de “nacimiento” y tonto de “capirote”. Me gustaría mostraros las maquetas de tronos o pasos que ha hecho con diferentes escenas de la Pasión. La música del vídeo es la marcha procesional “Mi amargura” del granadino Víctor Ferrer.



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sábado, 8 de abril de 2017

El Dios de la materia

Fuentes: “El día del relámpago” de Juan José Benítez y “El silencio habla” de Eckhart Tolle.


En el libro “El día del relámpago” de Juan José Benítez, primero de los libros que constituirán el epílogo de la serie “Caballo de Troya”, se dice que, al igual que los humanos somos habitados por El “Padre Azul” (Dios), la materia está habitada por el Espíritu de la Verdad (otro Dios) que también se fragmenta, desciende y habita cada gramo de lo que vemos y de lo que no vemos.

Ese Dios, el Espíritu de la Verdad, al habitar la cosas y la naturaleza, está al corriente de todo: sabe de la tersura de la mar, de sus hijos más escondidos, del silencio congelado de los glaciares, del milagro de las cosechas, de los que reptan y de los que se mueven a la velocidad de la luz, del rocío en el que te bañas, de la dolorosa inmovilidad de las rocas, de las estrellas que mueren, de las fugaces…

El espíritu de la Verdad está en la hierba, las piedras solitarias, el polvo del camino, las nubes que pasan, los horizontes, los brillos lejanos, las envidiadas aves, los monstruos marinos, los granos de arena, los animales que me salen al paso, lo que toco y lo que no toco, lo visible y lo invisible… De ahí que deban inspirarnos respeto infinito y que hablar con las cosas (supuestamente inanimadas) no sea algo tan loco. Todo está habitado por la Divinidad. Si les hablo, también le hablo…

Eckhart Tolle en su libro “El silencio habla” nos cuestiona, a modo de reflexión, sobre nuestra relación con las incontables cosas que nos rodean y que utilizamos cada día. Casi siempre, los objetos son medios para un fin y nos apegamos a ellos de manera que terminan adueñándose de nuestra vida. Sin embargo, cuando apreciamos un objeto, aunque sea brevemente, por lo que es; cuando reconocemos su ser sin proyecciones mentales, prestándole atención; cuando no podemos dejar de sentirnos agradecidos por su existencia… sentimos que en realidad no es inanimado, que solo parece inanimado a los sentidos. De hecho, los físicos confirman que, a nivel molecular, cada objeto es un campo de energía pulsante.

La apreciación desinteresada del reino de las cosas hace que el mundo que nos rodea cobre vida de un modo que ni siquiera podemos comenzar a comprender con la mente…


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lunes, 3 de abril de 2017

La serpiente y el eremita

Este cuento está incluido en el libro "Las zonas oscuras de tu mente" de Ramiro Antonio Calle.


Era una serpiente que tenía aterrorizadas a muchas personas de la zona, porque había picado de muerte a quienes cruzaban por el sendero al lado del cual ella solía situarse. Un día pasó por allí un eremita y la serpiente se fue directa a morderle, pero el hombre la sosegó con su talante de serenidad y equilibrio y, una vez la hubo amansado, le dijo:

—Amiga mía, no origines más daño. Haciendo daño no consigues más que perjudicarte también a ti misma. No sigas aterrorizando a las gentes de este lugar.

La serpiente reflexionó y por fin dijo:

—Te prometo que no morderé a nadie más.

—Yo volveré a pasar por aquí dentro de unos meses y nos saludaremos —dijo el eremita, antes de partir.

Cuando los aldeanos comprobaron que la serpiente no mordía, empezaron a burlarse de ella y a maltratarla. Pero el animal cumplió su promesa. Unos meses después regresó el eremita y se quedó atónito al ver en qué estado calamitoso se encontraba la serpiente.

—Pero ¿qué te ha pasado, amiga mía?

—Al ver las gentes de por aquí que no mordía, me han maltratado.

Y entonces el eremita le dijo:

—Pero, querida mía, yo te dije que no mordieses y no que no soplases y les asustases.

Que una persona sea benevolente no quiere decir que tenga neciamente que ponerse al alcance de las personas aviesas, malevolentes y dañinas. No debe permitir que los demás le pierdan el respeto, le manipulen o castiguen. Debe autodefenderse y ser firme.


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miércoles, 29 de marzo de 2017

No coger la pelota

Fuente: “No te ahogues en un vaso de agua” de Richard Carlson.


He aquí una magnífica lección: si alguien te pasa la pelota, no tienes por qué cogerla.

A menudo, nuestros conflictos interiores son debidos a nuestra tendencia a saltar a bordo de los problemas de otros. Alguien te pasa una preocupación y tú supones que debes cogerla y responder. Más tarde, te sientes estresado o resentido porque todo el mundo parece plantearte exigencias. Resulta fácil perder de vista que tú mismo fomentas los dramas de tu vida.

Recordar que no tienes por qué coger la pelota es una manera muy eficaz de reducir el estrés de tu existencia. Eso no significa que no debas coger nunca la pelota, sino que depende de ti el hacerlo. Tampoco significa que la persona que intenta pasártela te traiga sin cuidado, ni que seas poco servicial.

Desarrollar una actitud más tranquila con respecto a la vida requiere que conozcamos nuestros propios límites y que nos hagamos responsables de nuestra parte en el proceso.

La mayoría de nosotros cogemos pelotas que nos pasan muchas veces al día: en el trabajo, nuestros hijos, amigos, vecinos, vendedores e incluso desconocidos. La clave reside en saber cuándo estamos cogiendo otra pelota, con el fin de no sentirnos víctimas, resentidos ni abrumados.

El mismo principio es aplicable cuando te hacen objeto de un insulto o una crítica. Cuando alguien arroja una idea o comentario hacia ti puedes cogerlo y sentirte herido, o puedes dejarlo caer y continuar con tu vida.

La idea de “no coger la pelota” por el simple hecho de que sea arrojada hacia ti, es una poderosa herramienta que merece ser explorada... Tal vez descubras que coges la pelota con muchísima más frecuencia de lo que crees.


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viernes, 24 de marzo de 2017

Sufrir voluntariamente

Fuente: “Déjame que te cuente…” de Jorge Bucay.


Dos números menos

Un hombre entra en una zapatería, y un amable vendedor se le acerca.

- ¿En qué puedo servirle, señor?

- Quisiera un par de zapatos negros como los del escaparate.

- Cómo no, señor. Veamos: el número que busca debe ser... el cuarenta y uno. ¿Verdad?

- No. Quiero un treinta y nueve, por favor.

- Disculpe, señor. Hace veinte años que trabajo en esto y su número debe ser un cuarenta y uno. Quizás un cuarenta, pero no un treinta y nueve. - Un treinta y nueve, por favor.

- Disculpe, ¿me permite que le mida el pie?

- Mida lo que quiera, pero yo quiero un par de zapatos del treinta y nueve.

El vendedor saca del cajón ese extraño aparato que usan los vendedores de zapatos para medir pies y, con satisfacción, proclama «¿Lo ve? Lo que yo decía: ¡un cuarenta y uno!».

- Dígame: ¿quién va a pagar los zapatos, usted o yo?

- Usted.

- Bien. Entonces ¿me trae un treinta y nueve?

El vendedor, entre resignado y sorprendido, va a buscar el par de zapatos del número treinta y nueve. Por el camino se da cuenta de lo que ocurre: los zapatos no son para el hombre, sino que seguramente son para hacer un regalo.

- Señor, aquí los tiene: del treinta y nueve, y negros.

- ¿Me da un calzador?

- ¿Se los va a poner?

- Sí, claro.

- ¿Son para usted?

- ¡Sí! ¿Me trae un calzador?

El calzador es imprescindible para conseguir que ese pie entre en ese zapato. Después de varios intentos y de ridículas posiciones, el cliente consigue meter todo el pie dentro del zapato.

Entre ayes y gruñidos camina algunos pasos sobre la alfombra, con creciente dificultad.

- Está bien. Me los llevo.

Al vendedor le duelen sus propios pies sólo de imaginar los dedos del cliente aplastados dentro de los zapatos del treinta y nueve.

- ¿Se los envuelvo?

- No, gracias. Me los llevo puestos. El cliente sale de la tienda y camina, como puede, las tres manzanas que le separan de su trabajo. Trabaja como cajero en un banco.

A las cuatro de la tarde, después de haber pasado más de seis horas de pie dentro de esos zapatos, su cara está desencajada, tiene los ojos enrojecidos y las lágrimas caen copiosamente de sus ojos.

Su compañero de la caja de al lado lo ha estado observando toda la tarde y está preocupado por él.

- ¿Qué te pasa? ¿Te encuentras mal?

- No. Son los zapatos.

- ¿Qué les pasa a los zapatos?

- Me aprietan.

- ¿Qué les ha pasado? ¿Se han mojado?

- No. Son dos números más pequeños que mi pie.

- ¿De quién son?

- Míos.

- No te entiendo. ¿No te duelen los pies?

- Me están matando, los pies.

- ¿Y entonces?

- Te explico -dice, tragando saliva-. Yo no vivo una vida de grandes satisfacciones. En realidad, en los últimos tiempos, tengo muy pocos momentos agradables.

- ¿Y?

- Me estoy matando con estos zapatos. Sufro terriblemente, es cierto... Pero, dentro de unas horas, cuando llegue a mi casa y me los quite, ¿imaginas el placer que sentiré? ¡Qué placer, tío! ¡Qué placer!


"No hay gloria sin dolor", "todas las metas han de conseguirse con esfuerzo", "solo se valora lo que se consigue con esfuerzo"... ¡Es preciso desactivar esta trampa que nos introdujeron cuando éramos muy pequeños!

Es estúpido sufrir voluntariamente para que cuando cese el sufrimiento, podamos sentir felicidad. El sufrimiento, a veces, puede hacernos más humanos, pero también puede amargarnos. La felicidad no está tanto en el éxito de haber alcanzado el objetivo que nos impusimos, como en el hecho de haber disfrutado del recorrido.

Disfrutemos de la vida que, por cierto, se nos ha dado gratis. Lo verdaderamente valioso, se obtiene sin esfuerzo.



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sábado, 18 de marzo de 2017

Cómo recordar el pasado

Fuente: “Puedo superarme” de Bernardo Stamateas.


Hay personas que no están a gusto con su presente y entonces viven recordando, añorando el pasado. Lo idealizan. Se convencen de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”.

No es malo tener recuerdos; la cuestión es no agigantarlos tanto que nos impidan seguir construyendo en el presente.

Hay personas que eligen quedarse ancladas en el pasado porque consideran que ese tiempo fue el único momento bueno en sus vidas, le tienen miedo al paso del tiempo y quieren seguir viviendo en una adolescencia eterna. Sin embargo, todos los momentos son buenos porque todos son nuestros momentos. Cuando somos jóvenes nuestro don es la fuerza y durante la vejez la experiencia, pero el crecimiento es permanente.

Por otra parte, hay personas que prefieren olvidar el pasado, cerrarlo, cancelarlo, pero lo cierto es que en él está toda nuestra historia. Todo nuestro pasado nos sirve, los buenos momentos vividos y los recuerdos dolorosos, y, por eso, no hemos de olvidarlos.

Hay dos formas de recordar situaciones del pasado: afectivamente y racionalmente. Los buenos momentos hay que recordarlos con valor afectivo; tenemos que recordar afectivamente las caricias, las palabras de amor, el cuidado que recibimos, porque al hacerlo traemos esa emoción positiva al presente y la revivimos, volvemos a experimentarla.

Los malos momentos del pasado también deben recordarse, pero en este caso como una experiencia racional que nos deja un aprendizaje. Si recordamos un momento triste afectivamente, la tristeza volverá, mientras que si lo racionalizamos y pensamos qué enseñanza nos dejó, qué aprendimos de esa situación, lo transformamos en algo positivo y agradecemos haber pasado por esa situación, porque eso nos permitió aprender qué conviene hacer o evitar en una circunstancia similar.

Ese recuerdo triste, esa situación que tanto dolor nos causó, algo nos enseñó, y recordar ahora esa enseñanza es lo que nos va a permitir construir. El problema surge cuando rememoramos los recuerdos tristes afectivamente. Cuando hacemos esto quedamos estancados.

No se trata de tener amnesia, sino de pensar cómo tenemos que asimilar cada recuerdo según sea agradable o triste.

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lunes, 13 de marzo de 2017

El resurgir de Marroquíes Bajos

Muralla calcolítica de Marroquíes Bajos en Jaén.

James Cameron, director de las películas “Terminator”, “Titanic” y “Avatar”, entre otras, ha producido para la cadena National Geographic el documental titulado “El resurgir de la Atlántida”, dirigido y presentado por el cineasta canadiense Simcha Jacobovici.

Cameron, que es un gran explorador marino, ha confesado sentirse atraído por el mito de la Atlántida desde que escuchó la historia por primera vez en el instituto. Por esta razón, ha coordinado una investigación que analiza manuscritos, fotografías y objetos arqueológicos, para intentar llegar hasta el fondo de la historia de la Atlántida que, según Platón, era una isla mágica situada más allá de las columnas de Hércules, habitada por una civilización muy avanzada, con abundantes recursos, pero que desapareció misteriosamente bajo el mar.

El documental, de dos horas de duración, se estrenó en España el cinco de marzo. En él se visitan algunas de las zonas donde, según algunos expertos, pudo estar situada la Atlántida si realmente existió. Entre esos lugares, está el yacimiento arqueológico denominado Marroquíes Bajos de la ciudad de Jaén, una de las ciudades más antiguas de Europa, al que, en octubre del 2010, dediqué la entrada “Excavaciones arqueológicas en la Ciudad de la Justicia de Jaén” en la que ya “denuncié” el lamentable estado de conservación de la zona.

Marroquís Bajos ya era una importante macro-aldea en el período Calcolítico (principios del III milenio hasta mediados del II milenio a. C.). Tras esta época, se aprecian otras tres fases de ocupación: ibérica, romana y medieval islámica. En el documental se reconstruye el poblado calcolítico y se hace hincapié en que su aspecto es similar a las descripciones que ofrece Platón de la ciudad principal de Atlantis: una ciudad circular, concéntrica, que alterna fosos circulares de agua con anillos de tierra sobre los que edificaban y que eran conectados mediante puentes, así como complejas canalizaciones que servían para traer las aguas de las montañas. Lo que se sugiere es que, posiblemente, pudieran ser ciudades hermanas.

La teoría por la que aboga la cadena National Geographic se apoya en los estudios del investigador cubano Georgeos Díaz-Montexano que en 2003, planteó el parecido entre Marroquíes Bajos y la acrópolis de Atlantis descrita por Platón y la existencia de un patrón arquitectónico empleado habitualmente por aquellos iberos del calcolítico.

Simcha Jacobovici, director del documental, y el investigador Georgeos Díaz-Montexano.

En contra de esta teoría puede argumentarse que el mito griego es de finales del segundo milenio, comienzos del primero, antes de Cristo y el poblado prehistórico de Marroquíes Bajos data del tercer milenio antes de Cristo, es decir, la historia de la Atlántida es más reciente que los restos arqueológicos de Jaén.

Tal vez los postulados de “El resurgir de la Atlántida” no tengan gran rigor científico y haya que enfrentarse a él con espíritu crítico, pero lo que nadie puede discutir es que el documental han logrado que se hable de nuevo de la protección, defensa y puesta en valor de este patrimonio histórico.

La importancia de los restos de Marroquíes Bajos es incuestionable. Para mí, lo más importante es que “El resurgir de la Atlántida” ha provocado el resugir de Marroquíes Bajos, un legado arqueológico olvidado, que es digno de ser Patrimonio de la Humanidad.

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“Excavaciones arqueológicas en la Ciudad de la Justicia de Jaén”

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miércoles, 8 de marzo de 2017

La inteligencia del corazón

“Quienes creen en las corazonadas, quizás no estén equivocados”.


Extensas investigaciones neurocardiológicas, como las llevadas a cabo por la universidad de Oxford, han encontrado algunos hallazgos muy interesantes que sugieren que el corazón humano no es una simple “bomba”, sino que es un sistema complejo que funciona de forma similar a un cerebro y que el corazón es un órgano capaz de recibir y procesar información y redirigir datos al cerebro.

El año 2012, se publicó en “La Contra” de la Vanguardia una entrevista muy interesante a Annie Marquier titulada “El corazón tiene cerebro”.

Annie Marquier (1940, Toulouse, Francia) es una de las autoras más importantes sobre crecimiento interior y espiritualidad. Licenciada en Matemáticas y Música, a principios de los años 70 se trasladó a la India donde estudió la espiritualidad oriental . A su regreso, se especializó en psicología holística y desarrollo personal, ámbito en el que es una autoridad desde que, en 1982, fundara el “Instituto para el Desarrollo de la Persona” en Québec (Canadá). Entre sus obras destacan “El poder de elegir” y “La libertad de ser” y “El maestro del corazón”.

En dicha entrevista se expone lo siguiente:

Se ha descubierto que el corazón contiene un sistema nervioso independiente y bien desarrollado con más de 40.000 neuronas y una compleja y tupida red de neurotransmisores, proteínas y células de apoyo.

Gracias a esos circuitos tan elaborados, parece que el corazón puede tomar decisiones y pasar a la acción independientemente del cerebro; y que puede aprender, recordar e incluso percibir.

Existen cuatro tipos de conexiones que parten del corazón y van hacia el cerebro:

1. La comunicación neurológica mediante la transmisión de impulsos nerviosos.

El corazón envía más información al cerebro de la que recibe, es el único órgano del cuerpo con esa propiedad, y puede inhibir o activar determinadas partes del cerebro según las circunstancias. Por tanto, puede influir en nuestra percepción de la realidad y por tanto en nuestras reacciones.

2. La información bioquímica mediante hormonas y neurotransmisores.

Es el corazón el que produce la hormona ANF, la que asegura el equilibrio general del cuerpo: la homeostasis. Uno de sus efectos es inhibir la producción de la hormona del estrés y producir y liberar oxitocina, la que se conoce como hormona del amor.

3. La comunicación biofísica mediante ondas de presión.

Parece ser que a través del ritmo cardiaco y sus variaciones el corazón envía mensajes al cerebro y al resto del cuerpo.

4. La comunicación energética.

El campo electromagnético del corazón es el más potente de todos los órganos del cuerpo, 5.000 veces más intenso que el del cerebro. Y se ha observado que cambia en función del estado emocional.

Hay dos clases de variación de la frecuencia cardiaca: una es armoniosa, de ondas amplias y regulares, y toma esa forma cuando la persona tiene emociones y pensamientos positivos, elevados y generosos. La otra es desordenada, con ondas incoherentes que aparece con las emociones negativas: miedo, ira, desconfianza…

Pero hay más: las ondas cerebrales se sincronizan con estas variaciones del ritmo cardiaco; es decir, que el corazón arrastra a la cabeza.

Ese cambio magnético del corazón se extiende alrededor del cuerpo entre dos y cuatro metros, es decir, que todos los que nos rodean reciben la información energética contenida en nuestro corazón.

El circuito del “cerebro” del corazón es el primero en tratar la información que después pasa por el cerebro de la cabeza. Este nuevo circuito no pasa por las viejas memorias. Su conocimiento es inmediato, instantáneo, y, por ello, tiene una percepción exacta de la realidad. El “cerebro” del corazón activa en el cerebro de la cabeza centros superiores de percepción completamente nuevos que interpretan la realidad sin apoyarse en experiencias pasadas.

Está demostrado que cuando el ser humano utiliza el “cerebro” del corazón crea un estado de coherencia biológico, todo se armoniza y funciona correctamente. Podríamos decir que se trata de una inteligencia superior que se activa a través de las emociones positivas.

El ser humano lleva consigo un potencial extraordinario de conciencia no activado. Se activa con la práctica de pensamientos y emociones positivas. Para ello, debemos observar nuestros pensamientos y emociones sin juzgarlos y escoger las emociones que nos pueden hacer sentir bien.

Debemos aprender a confiar en la intuición y reconocer que el verdadero origen de nuestras reacciones emocionales no está en lo que ocurre en el exterior, sino en nuestro interior... Y preguntarle al corazón cuando no sepamos qué hacer.



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viernes, 3 de marzo de 2017

El árbol de la Mentira

“Lo que sucedió al árbol de la Mentira” es el cuento XXVI de “El Conde Lucanor” del Infante Don Juan Manuel. Para esta entrada he seleccionado la edición y versión actualizada de Juan Vicedo publicada en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

El conde Lucanor es una obra narrativa de la literatura castellana medieval escrita por el infante Don Juan Manuel (1282–1348), nieto de Fernando III el Santo y sobrino de Alfonso X el Sabio.

El libro está compuesto por cinco partes. La más conocida es una serie de cincuenta y un cuentos con propósito didáctico y moral tomados de varias fuentes entre las que destacan las fábulas de Esopo y cuentos tradicionales árabes, japoneses e hindúes.

En cada cuento, el conde Lucanor plantea un problema a su consejero Patronio y le solicita un consejo. Patronio siempre responde contando una historia de la que el conde podrá extraer una enseñanza para resolver su problema.

Los cuentos se cierran con un pareado que condensa la moraleja de la historia.



Lo que sucedió al árbol de la Mentira

Un día hablaba el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, y le dijo:

-Patronio, sabed que estoy muy pesaroso y en continua pelea con unos hombres que no me estiman, y son tan farsantes y tan embusteros que siempre mienten, tanto a mí como a quienes tratan. Dicen unas mentiras tan parecidas a la verdad que, si a ellos les resultan muy beneficiosas, a mí me causan gran daño, pues gracias a ellas aumentan su poder y levantan a la gente contra mí. Pensad que, si yo quisiera obrar como ellos, sabría hacerlo igual de bien; pero como la mentira es mala, nunca me he valido de ella. Por vuestro buen entendimiento os ruego que me aconsejéis el modo de actuar frente a estos hombres.

-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, para que hagáis lo mejor y más beneficioso, me gustaría mucho contaros lo que sucedió a la Verdad y la Mentira.

El conde le pidió que así lo hiciera.

-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, la Verdad y la Mentira se pusieron a vivir juntas una vez y, pasado cierto tiempo, la Mentira, que es muy inquieta, propuso a la Verdad que plantaran un árbol, para que les diese fruta y poder disfrutar de su sombra en los días más calurosos. La Verdad, que no tiene doblez y se conforma con poco, aceptó aquella propuesta.

Cuando el árbol estuvo ya plantado y había empezado a crecer frondoso, la Mentira propuso a la Verdad que se lo repartieran entre las dos, cosa que agradó a la Verdad. La Mentira, dándole a entender con razonamientos muy bellos y bien construidos que la raíz mantiene al árbol, le da vida y, por ello, es la mejor parte y la de mayor provecho, aconsejó a la Verdad que se quedara con las raíces, que viven bajo tierra, en tanto ella se contentaría con las ramitas que aún habían de salir y vivir por encima de la tierra, lo que sería un gran peligro, pues estarían a merced de los hombres, que las podrían cortar o pisar, cosa que también podrían hacer los animales y las aves. También le dijo que los grandes calores podrían secarlas, y quemarlas los grandes fríos; por el contrario, las raíces no estarían expuestas a estos peligros.

Al oír la Verdad todas estas razones, como es bastante crédula, muy confiada y no tiene malicia alguna, se dejó convencer por su compañera la Mentira, creyendo ser verdad lo que le decía. Como pensó que la Mentira le aconsejaba coger la mejor parte, la Verdad se quedó con la raíz y se puso muy contenta con su parte. Cuando la Mentira terminó su reparto, se alegró muchísimo por haber engañado a su amiga, gracias a su hábil manera de mentir.

La Verdad se metió bajo tierra para vivir, pues allí estaban las raíces, que ella había elegido, y la Mentira permaneció encima de la tierra, con los hombres y los demás seres vivos. Y como la Mentira es muy lisonjera, en poco tiempo se ganó la admiración de las gentes, pues su árbol comenzó a crecer y a echar grandes ramas y hojas que daban fresca sombra; también nacieron en el árbol flores muy hermosas, de muchos colores y gratas a la vista.

Al ver las gentes un árbol tan hermoso, empezaron a reunirse junto a él muy contentas, gozando de su sombra y de sus flores, que eran de colores muy bellos; la mayoría de la gente permanecía allí, e incluso quienes vivían lejos se recomendaban el árbol de la Mentira por su alegría, sosiego y fresca sombra.

Cuando todos estaban juntos bajo aquel árbol, como la Mentira es muy sabia y muy halagüeña, les otorgaba muchos placeres y les enseñaba su ciencia, que ellos aprendían con mucho gusto. De esta forma ganó la confianza de casi todos: a unos les enseñaba mentiras sencillas; a otros, más sutiles, mentiras dobles; y a los más sabios, mentiras triples.

Señor conde, debéis saber que es mentira sencilla cuando uno dice a otro: «Don Fulano, yo haré tal cosa por vos», sabiendo que es falso. Mentira doble es cuando una persona hace solemnes promesas y juramentos, otorga garantías, autoriza a otros para que negocien por él y, mientras va dando tales certezas, va pensando la manera de cometer su engaño. Mas la mentira triple, muy dañina, es la del que miente y engaña diciendo la verdad.

Tanto sabía de esto la Mentira y tan bien lo enseñaba a quienes querían acogerse a la sombra de su árbol, que los hombres siempre acababan sus asuntos engañando y mintiendo, y no encontraban a nadie que no supiera mentir que no acabara siendo iniciado en esa falsa ciencia. En parte por la hermosura del árbol y en parte también por la gran sabiduría que la Mentira les enseñaba, las gentes deseaban mucho vivir bajo aquella sombra y aprender lo que la Mentira podía enseñarles.

Así la Mentira se sentía muy honrada y era muy considerada por las gentes, que buscaban siempre su compañía: al que menos se acercaba a ella y menos sabía de sus artes, todos lo despreciaban, e incluso él mismo se tenía en poco.

Mientras esto le ocurría a la Mentira, que se sentía muy feliz, la triste y despreciada Verdad estaba escondida bajo la tierra, sin que nadie supiera de ella ni la quisiera ir a buscar. Viendo la Verdad que no tenía con qué alimentarse, sino con las raíces de aquel árbol que la Mentira le aconsejó tomar como suyas, y a falta de otro alimento, se puso a roer y a cortar para su sustento las raíces del árbol de la Mentira. Aunque el árbol tenía gruesas ramas, hojas muy anchas que daban mucha sombra y flores de colores muy alegres, antes de que llegase a dar su fruto fueron cortadas todas sus raíces pues se las tuvo que comer la Verdad.

Cuando las raíces desaparecieron, estando la Mentira a la sombra de su árbol con todas las gentes que aprendían sus artimañas, se levantó viento y movió el árbol, que, como no tenía raíces, muy fácilmente cayó derribado sobre la Mentira, a la que hirió y quebró muchos huesos, así como a sus acompañantes, que resultaron muertos o malheridos. Todos, pues, salieron muy mal librados.

Entonces, por el vacío que había dejado el tronco, salió la Verdad, que estaba escondida, y cuando llegó a la superficie vio que la Mentira y todos los que la acompañaban estaban muy maltrechos y habían recibido gran daño por haber seguido el camino de la Mentira.

Vos, señor Conde Lucanor, fijaos en que la Mentira tiene muy grandes ramas y sus flores, que son sus palabras, pensamientos o halagos, son muy agradables y gustan mucho a las gentes, aunque sean efímeros y nunca lleguen a dar buenos frutos. Por ello, aunque vuestros enemigos usen de los halagos y engaños de la mentira, evitadlos cuanto pudiereis, sin imitarlos nunca en sus malas artes y sin envidiar la fortuna que hayan conseguido mintiendo, pues ciertamente les durará poco y no llegarán a buen fin. Así, cuando se encuentren más confiados, les sucederá como al árbol de la Mentira y a quienes se cobijaron bajo él. Aunque muchas veces en nuestros tiempos la verdad sea menospreciada, abrazaos a ella y tenedla en gran estima, pues por ella seréis feliz, acabaréis bien y ganaréis el perdón y la gracia de Dios, que os dará prosperidad en este mundo, os hará muy honrado y os concederá la salvación para el otro.

Al conde le agradó mucho este consejo que Patronio le dio, siguió sus enseñanzas y le fue bien.

Y viendo don Juan que este cuento era muy bueno, lo mandó poner en este libro y compuso unos versos que dicen así:
Evitad la mentira y abrazad la verdad,
que su daño consigue el que vive en el mal.

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domingo, 26 de febrero de 2017

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Fuente: ¡Puedo superarme! de Bernardo Stamateas.


Muchas personas guardan en su interior antiguas heridas, dolores, rencores, resentimientos que les generan emociones altamente negativas. Viven dando vueltas sobre el mismo tema, hasta que un día se sienten agotadas. Con el tiempo, el cuerpo y el espíritu comienzan a enfermar. Antes de que eso suceda, es necesario que dejemos en el pasado los viejos enfados, el resentimiento, el dolor que hayamos vivido.

La historia es más o menos así: hubo una vez una ofensa, la ofensa inyectó odio y el odio generó ira. Como creemos que odiando nos defendemos y castigamos a nuestros ofensores, entonces repasamos la ofensa y ponemos más ira al odio y más odio a la ira. Estamos tan ocupados alimentando el odio y la ira que no vemos la realidad: tal ocupación no nos deja ser felices. Es normal sentir que nunca perdonaremos. A todos nos pasa lo mismo. No somos malas personas por el hecho de sentir de esa manera.

Hemos de mirar en nuestro interior y preguntarnos qué recuerdos, qué personas necesitamos sacar de nuestro corazón. Perdonar significa que no voy a dejar que mi pasado de dolor marque y determine mi presente y mi futuro porque yo decido disfrutar de toda la vida que tengo por delante.

Perdonar no es amnesia. No es olvidar. No es restar importancia a lo sucedido. No es reconciliación. Al perdonar, no debemos esperar nada de la otra persona.

Cuando nos llenamos de rencor, permitimos al que nos hace algo malo que alquile nuestra mente y la acapare. Si no perdonamos, llevamos a todas partes al que nos hirió y de esa manera le permitimos ser “nuestro amo”. Por eso, cuando sientas que alguien te ofende, te insulta, te lastima, no reacciones, ignóralo. Levanta un escudo invisible. Imagina que las palabras rebotan. No te involucres. Piensa que el que te agrede tiene un tema sin resolver consigo mismo.

Tampoco asumas la posición de víctima, no busques la compasión de los demás. La persona que se siente víctima de las circunstancias llora todo el tiempo, cuenta a todo el mundo lo que le hicieron y se queja continuamente.

No analices cada frase que te dicen buscando una ofensa. Cada persona oye lo que quiere oír. No escuches desde tus emociones heridas. Entrena tu oído, aprende a escuchar a quienes te rodean con sabiduría y con objetividad.

Deja de repetir en tu cabeza la historia que te duele. ¡Cambia de canal! Bájate de ese tiovivo que nos hace dar vueltas en el mismo lugar. Muchas veces hay que hacerlo como un acto de fe, aunque sigamos teniendo rabia. La rabia es una emoción que acabará desapareciendo. Lo importante es soltar al otro de nuestra vida.

Frente a una persona que haya sufrido un dolor, una traición, una pérdida, dejemos que hable, que exprese todo lo que ha vivido, que pueda decir cómo se ha sentido, que pueda liberar todo ese dolor. Una vez que pueda ser libre y hablar de todo lo que ha sentido, podrá perdonar.

Perdonar es recordar que nosotros también lastimamos. Nadie puede tirar la primera piedra. Lo cierto es que todos, lo queramos o no, alguna vez ofendemos a los demás.

Si te equivocas, perdónate. Las equivocaciones son parte de la vida, del aprendizaje, del camino. Cada vez que cometas un error, aprende de él todo lo que puedas y así estarás mejor preparado para la próxima vez.

Si en determinada situación sabes que no hiciste daño a nadie, no pidas perdón para satisfacer al otro, no te conviertas en una persona suplicante.

El perdón es un acto terapéutico y sanador. No es algo que hacemos por el otro, sino un acto de la voluntad que hacemos por nosotros mismos. Perdonar no cambia el pasado, pero sí el futuro. Cuando perdonas, liberas a un prisionero. Tú mismo. Eres el principal beneficiado. Cuando estamos en paz, nuestra disposición hacia nosotros mismos y hacia los demás, es diferente. Nuestras relaciones personales se afianzan y nuestra salud mejora.

Piensa, además, que si alguien es capaz de ofenderte es porque tocó tu talón de Aquiles y, probablemente, puedas descubrir una herida que no esté curada. Tal vez en la niñez te lastimaron de esa misma manera… Concéntrate en lo que te dolió y tómate tiempo para sanar en tu interior lo que no te permite seguir creciendo.

Llegará un momento en que nadie podrá herirte. Perdonarás y seguirás adelante.

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martes, 21 de febrero de 2017

La sabiduría de Dios


El mulá Nasrudín estaba en su jardín sentado a la sombra de un nogal cercano al huerto. Fijó su mirada en una hermosa calabaza que sobresalía de su planta y observándola, musitó:

-Dios mío, no lo comprendo. Si tan sabio eres, ¿por qué no nacen pequeñas nueces en una planta y frutos grandes como las calabazas en árboles tan espléndidos como el nogal?

Y así estaba el mulá, perdido en sus reflexiones, cuando cayó una nuez golpeándole la cabeza. Entonces Nasrudín rectificó y dirigiéndose a Dios le dijo:

-Bueno, Señor, tal vez seas más sabio de lo que yo había creído. Si hubiera habido calabazas en el árbol y me cae una de ellas, me hubiera herido gravemente...


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jueves, 9 de febrero de 2017

Yo confieso...

Cuando alguien me pregunta los años que tengo, le contesto que no lo sé. Puedo decirle los años que he vivido, pero desconozco los años que tengo porque esos son, en realidad, los que me quedan por vivir.

Hoy cumplo 55 años. Cuando comience el nuevo curso escolar, el 1 de septiembre, si Dios lo quiere, podré reducir dos horas mi jornada lectiva semanal. Cuando la Administración empieza a tener consideraciones con sus funcionarios por razón de edad... ¡Ojo, avizor!


Fuentes:"Al sur de la razón" de Juan José Benítez, "Déjame que te cuente" de Jorge Bucay y "Los secretos que jamás te contaron" de Albert Espinosa.


Una de las acepciones o significados de la palabra "confesar" es expresar voluntariamente los actos, ideas o sentimientos verdaderos.

Pues bien, ante Dios y ante los hombres...

“Let it go” (Déjalo ir). Banda sonora de “Frozen”. Arreglo orquestal de Mike Anderson.

Yo confieso...

Que, aunque sé que el lenguaje distorsiona y arruina la realidad y que un silencio vale más que mil palabras, hablo demasiado y no sé guardar silencio.

Que uno de mis peores errores es proclamar mi verdad.

Que no sé o no quiero olvidar. Me cuesta mucho olvidar a los canallas, a los hipócritas, a los mentirosos y a los ingratos.

Que un día me planté y dije “basta”:

Basta de correr, de ir con prisa.

Basta de aspirar a ser la mejor.

Basta de sufrir por lo que piensan otros.

Basta de justificarme con palabras.

Basta de la tiranía de los débiles.

Basta de miedos que obstruyan mi vida, me paralicen, me debiliten y me hagan sufrir desgarrada e inútilmente.

Que mi mundo es "real", normal y corriente, pero he creado una forma de vivir con la que puedo disfrutar de la vida. Para conseguirlo, cambio lo que haya que cambiar, consigo que no se desmorone lo que deba preservar y recorro los caminos que tenga que explorar. El coste en tiempo, energía, dedicación, dolor y pérdidas no es pequeño.

Que creo intensa y profundamente en Dios y lo busco; que un día, hace algún tiempo, elegí confiar en su voluntad e inicié un viaje sin retorno... Sin dogmas. Para ese viaje no necesito las alforjas de la religión.

Que desde ese día, disfruto de muchos días de “cielos despejados”; que la luz en mi corazón es casi permanente; que, a veces, mi alma se oscurece y lo veo todo rojo (ira) o negro (tristeza) y me cuesta aceptar los hechos; que cuando recupero la visión me pregunto por qué y no lo sé. Supongo que porque soy un ser humano y aún estoy en el camino.

Que desde entonces, no me compadezco de mí misma, los problemas han descendido al lugar que se merecen, he aprendido a aceptar la muerte como algo inevitable y, lejos de sentirme derrotada, he encontrado la forma de reconducir mis energías para superar las situaciones que la vida me pone día a día.

Que, aunque el cielo me ha dado y me da muchas personas que me ayudan a vivir, sé que mi existencia es una aventura solitaria.

Que nunca he perdido a las personas a las que amé y ya se marcharon. Al contrario, ahora las llevo dentro de mí y sus pérdidas fueron y son ganancias.

Que cuando creo que mi vida ha cobrado sentido, cuando logro conocer las respuestas, llega el universo y me cambia las preguntas porque, ahora lo sé, en eso consiste vivir.

Que ya he vivido suficiente...

Ahora me toca disfrutar.



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